La Calapa

 


Resulta que mi hermano mayor es bien fantasioso, se había hecho una hondilla, con la cual decía que cazaba todos los pajaritos que se le cruzaban en el camino, e inclusive hasta perdices.

-¿Que casaste hoy día?

-Una perdiz.

-y donde está.

-Lo que pasa es que se voló, no me imagino como se pudo ir, pues le di en la cabeza, estaba siega. Yo solo cerré los ojos y levanté los puños en señal de triunfo y cuando quise agarrarla ya no estaba.

-Jajajajajajaja. Cállate fanfarrón.

-¡¡Franco hermanito!!....Si quieres vamos al sitio para que veas las manchas de sangre.

-¿¿En donde es??

-Arriba por la casa de Doroteo, no se cómo se llama la chacra.

-Y tú crees que voy a ir hasta arriba solo para ver unas manchas de sangre.

-Para que veas que no te miento pues.

-Ya hermano, te creo, te creo.


La Calapa

Cansado de tantos cuentos decido hacerme mi calapa y mi hondilla para poder acompañarlo, con mi machete al hombro me voy por Pucrupag a buscar un buen huaromo; busca que busca encuentro uno apropiado, unos cuantos machetazos y de vuelta a casa, prendo el fogón y luego de darle forma con el calor, le saco la cáscara y lo cashpo (quemo) hasta que más o menos quede seco, lo dejo así por unos días hasta que tome forma y luego le pongo el jebe y su respectivo pachan. ¡¡Pucha!! Ya tenía mi hondilla para salir a cazar con mi hermano y...

-¿Cuando vamos a cazar?

-Ahora no tengo tiempo….quizás mañana.

Ya pues hermanito no seas malo, mira mi hondilla chilandita (nueva)

-Esta bonita, más bien porque no te vas por parientana de repente te liga y cazas algo.

-¿Franco no?....gracias.

Así fue como comencé a perseguir a los pajaritos, la verdad que les disparé como a veinte y a ninguno le di, era malo con la hondilla, tenía que practicar más si quería ganarle a mi hermano, pues él siempre decía que era buen cazador…Salía todas las tardes hasta que afiné la puntería y en una de esas cacé un pichuychanca, tal fue mi alegría que lo cogí y me fui corriendo a la casa, ni bien traspuse la puerta….

-¡¡Mamacita!! ¡¡Mamacita!!

-¡¡Qué pasa hijito!! – preocupada-

-Quiero que me hagas un tallarín con pichuy.

-Pero hijito….

-¡¡Ya pues mamacita!!….No seas mala.

-Está bien, pélalo y límpialo que mañana comemos tallarines,

Como nunca quería que las horas pasaran volando y al fin llegó la hora del almuerzo, todos sentados alrededor de la mesa tomamos la sopa y luego aparecieron ¡¡los tallarines!! Primero el de mi padre con una pierna, yo veía que todos tenían presas grandes y humeantes pero de pollo, hasta que llego mi plato; encima de unos fideos que le servían de colchón estaba mi pichuy doradito y tan flaco el pobre que daba pena comérselo, todos me quedaron mirando y yo di curso al expediente chupándome los dedos al final.

-Está, rico hijo.

-Riquisísí simo papacito.

-Uno saborea más la comida cuando se la consigue con un poco de trabajo.

-De eso estoy seguro papá.

Terminado el almuerzo le digo a mi hermano, ¿Cuándo vamos a cazar?

-Mañana…. a las cinco de la mañana.

-¡¡Te pasaste!! Hermanito.

Esa noche dormí temprano y como acordamos salimos a la hora

Cada uno con su hondilla rumbo al campo, recogíamos por el camino las piedras apropiadas almacenándolas en nuestros bolsillos y comenzó la cacería por Usgor, pájaro que yo veía y mi hermano que disparaba, subimos por Pucrupag hasta Caranca, llegamos a Chicchó y no cazamos nada, yo ya estaba cansado.

-Hermanito allí hay un pajarito.

-Espérate, espérate que yo lo cazo.

En ese plan me tenía todo el trayecto, disparaba y no le daba, ya estábamos por llegar a Chiquián y en fragua veo una chilchilita parada sobre un lagtash que sobresalía de la pirca, parecía que quería bañarse en la acequia, que pasaba a unos metros debajo de la rama donde se posaba.

-Hermanito allí hay una chilchilita.

-¡¡Espérate!!….ahora si que no fallo.

-Pero hermanito yo no he disparado en todo el trayecto, ya vamos a llegar a la casa ¡¡¡déjame tirar unita por favor!!

-Tú lo vas a espantar hombre, ¡¡no fastidies!!

-Te lo ruego quiero disparar siquiera una vez, por favor.

Sin hacerme caso, agazapado, metiéndose a la acequia avanza a cazarlo, mientras yo me quedo mordiendo mi cólera y pensando-Carajo- tanto he caminado por tres horas y ni una piedra he lanzado, que se cree éste, alzando mi hondilla apunto al pajarito, no podía soltar la piedra pues estaba mi hermano en la línea de fuego, hasta que veo que se agazapa para avanzar un poco más y estar más cerca, momento que aprovecho para utilizar mi hondilla pero en el momento que suelto la piedra mi hermano se levanta y ¿piña pues? La piedra le cae en la cabeza, dando un grito de dolor cae de barriga en medio de la acequia desmayado, yo no sabía que hacer, lo puse cómo pude boca arriba y corrí a la casa en busca de ayuda, cuando apresurados íbamos a salvarlo lo encontramos en el camino con los ojos desorbitados y un tremendo chichón en la cabeza, agarrándolo de ambos brazos lo llevamos a la casa donde lo curamos.

-¡¡Eres una bestia!! – me dijo- ¡¡¡como vas a tirar de atrás!!

-Lo que pasa es que se me logpó (zafó) la hondilla, además tu tienes la culpa, no me dejaste tirar ni una sola vez.

-¡¡ya no salgo nunca más a cazar contigo!!

-Disculpa pues hermanito, al mejor tirador se le va la bala.

-Está bien, esta bien y ¡¡ya no me sigas fregando!!

Jorge Alfredo Vasquez



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