LA MUSICA DE LA TETA ASUSTADA

En la película “la teta asustada” de la compatriota Claudia Llosa, se escucha más de una de las conocidas canciones de “los destellos”, grupo musical de cumbia que tiene sus raíces en la ciudad de Huasta, pues su fundador y director el ya desaparecido Enrique Delgado Montes, fue natural de dicha localidad que está ubicada en la Provincia de Bolognesi-Ancash, más precisamente situada al frente de Chiquián, la Capital de la Provincia. Huasta es algo así como un balcón rojizo y dorado enclavado en la montaña, mientras que al otro extremo del panorama se yergue imponente el majestuoso Yerupajá con sus 6634 msnm.

Magaly Solier y Jaime LaraUna de las canciones elegidas con reconocido acierto para “la teta austada” es “Elsa”, un tema que tiene ya más de 30 años y que se caracteriza por ser la expresión de lo que se ha venido en denominar la auténtica “cumbia peruana”. Este tema se inicia de improviso, casi como si fuera un ensayo o casi como si no fuera una canción, hasta que la primera guitarra se impone con una afinación urbana, simple, mestiza y migrante, con sus sonidos eléctricos y sicodélicos que movilizan emociones hacía el punto más elevado de la alegría y la realización, conducidos en una construcción escalonada desde un inicio incierto, pasando por una aparente monotonía, hacía una cúspide de esperanza. La música en general y el canto en particular, en esta película, como dice su joven directora, “es una especie de bálsamo” para las almas y los cuerpos dolidos y contritos, siendo a su vez lúdico agente terapéutico y liberador, de allí su empleó prolífico desde el inicio hasta el final de la película. El tema de los destellos “El preso que se fue a bailar cumbia” y particularmente “Elsa” es nada menos que la cereza sobre el pastel con la que culmina el proceso de sanación que atraviesa toda la película, obra fílmica que fuera galardonada nada menos que con el “Oso de oro” al haber obtenido el primer puesto en el último festival de cine en Berlín. Asi pues, el tema de los destellos es el fondo musical con el que acaba el galardonado film y acompaña el discurrir del reparto que en cascada se precipita por el ecran, mientras en los espectadores se va produciendo la transición de retorno a la cotidiana realidad. Elsa, Elsa…, en una versión reciente y en la que participa Edith Delgado la hija del recordado Enrique Delgado, es lo que se escucha en aquel mágico momento al final de la película, cuando las imágenes fluyen liberadas de la trama o inclusive cuando estas se borran de la pantalla y solo se muestran los nombres de los créditos, el reparto y quienes hicieron posible la obra. Elsa, Elsa… se sigue escuchando en ese instante final, cuando la suerte ya está echada y el autor y el espectador, ambos jugando limpio, con todas las cartas sobre la mesa y sin tapujos ni distracciones, cierran el círculo comunicativo que la obra fílmica propicia. En este caso, “Elsa”, el tema de “los destellos”, cual argamasa invisible, es la encargada de resumir, conducir y sellar el mensaje final de toda la película, pues produce en los espectadores una sensación de que hay esperanza, de que la vida continua, inclusive en el yermo desierto, en las almas tortuosas, en los cuerpos tullidos, en el arenal, en la barriada, allí donde pareciera que nada es posible, allí donde pareciera que nada es peor, la gente es capaz de alegrarse, formar familias, enterrar a sus cadáveres insepultos, sanar y apostar por el futuro.

Jaime Lara Márquez

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